Cerremos los ojos e imaginémonos que delante de la puerta de nuestra casa tenemos un DeLorean. Ese coche, sueño de cualquier ecologista, que en la primera película necesitaba Plutonio , pero en la segunda ya le valía con una cáscara de plátano y media lata de cerveza… Eso sí que fue innovación.
Bueno, abramos los ojos, porque conducir con los ojos cerrados… nos para la Guardia Civil y la liamos.
Nos vamos al año 1995, época dorada de los pantalones anchos, los módems a 56k y los tamagotchis muriendo de hambre. Apple, en una jugada que hoy podríamos llamar “arriesgada” —pero entonces era directamente un salto al vacío—, se alió con Bandai (sí, los de los Power Rangers) para lanzar su propia consola: la Apple Pippin. No confundir con Peregrin Tuk (Pippin), de El Señor de los Anillos.
En una época donde Nintendo era la reina y el mundo miraba hacia una tal PlayStation. Como dato, este lanzamiento lo aprobó el por entonces CEO de la compañía, Michael Spindler.
¿Y cómo era la Pippin? Pues… rara. El diseño era una mezcla entre tostadora y lector VHS, con un mando que parecía sacado de un catálogo de juguetes de bazar. Se decía que era “revolucionario”, pero en realidad parecía un boomerang con complejo de plátano. Era incómodo, poco intuitivo y, si lo tirabas con fuerza, igual no volvía.
Pero lo mejor (o peor) era su catálogo de juegos. Literalmente, no sabías si estabas jugando o si estabas en una demo educativa de Windows 95. Muy pocos títulos, muchos enfocados al aprendizaje, y claro… en 1995 la gente estaba flipando con la PlayStation y su Tekken, y Apple vino diciendo: “¿Queréis jugar al ajedrez?”. Spoiler: no querían.
En cuanto a especificaciones técnicas, la Pippin pasaba por encima de, por ejemplo, la PlayStation: mejor CPU, más RAM… incluso tenia acceso a Internet, algo revolucionario para la época pero que tenia muy poco uso en aquel momento. El problema era que la PS y su sistema operativo estaban optimizados para los juegos, mientras que quiso vender la Pippin como un dispositivo multimedia. Quiso abarcar todo, pero al final se quedó sin nada.
Y el precio… ¡madre mía, el precio! 599 dólares de la época. Que si lo pasamos a euros de hoy (1273$), te compras una PS5, una Xbox, una Switch y aún te sobra para unas tapas.
¿El resultado? Un fracaso épico. La Pippin vendió poco (42k unidades a nivel mundial por los 102 millones de PlayStation), gustó menos, y Apple la escondió como si fuera una foto de su adolescencia. Tanto que hoy en día ni los más fanboys la recuerdan.
Pero oye, esto nos recuerda que incluso Apple ha tenido sus “patinazos”, y que antes de los iPhone y los Mac con diseños y funcionalidades revolucionarias… también intentaron conquistar a los gamers y se comieron un buen Game Over.
