¿Os podéis imaginar lo que sintieron nuestros abuelos o bisabuelos al ver en una pantalla borrosa en blanco y negro a un hombre llamado Neil Armstrong dando «un pequeño paso para el hombre»? Aquel suceso del 20 de julio de 1969 fue el «Peak», la cumbre, de la era analógica.
La transición de Apollo a Artemis no es solo un viaje nostálgico, es un despliegue tecnológico sin precedentes y posiblemente uno de los más ambiciosos de nuestra generación. En Minchu.tech analizamos por qué el objetivo de este regreso, que cambiará la tecnología para siempre, no es el de ir de visita a nuestro satélite.
Apollo vs. Artemis: mismo ADN, distinta filosofía
Si comparamos mano a mano ambos programas, observamos que comparten ese ADN de la exploración; sin embargo, sus filosofías y objetivos son polos opuestos.
La misión Apollo (1961-1972) fue una carrera de 100 metros lisos. El principal objetivo era llegar antes que nadie, plantar la bandera americana en suelo lunar y traerse un par de rocas para analizarlas ya de vuelta a nuestro planeta. Era tecnología de transistores y cálculos hechos a mano.
Por su parte, la actual misión Artemis, pese a no ser una carrera de velocidad, ha dado pasos agigantados mucho más rápido que su predecesora. Y es que si en Apollo hicieron falta 10 misiones hasta que la undécima pisó la Luna, con Artemis se prevé que a la tercera vaya la vencida. A pesar de esto, la estrategia del programa Artemis no es la de llegar antes que nadie, sino la de permanecer. El objetivo es establecer el llamado Artemis Base Camp y la estación Gateway en la órbita lunar, dando un salto de la exploración esporádica a la colonización científica.

Los pilares tecnológicos: del transistor a la IA
Pero si en algo hay años luz de diferencia, es en la tecnología. Como comentaba antes, las misiones Apollo fueron la cúspide de la era analógica, pero comparar la tecnología actual con la de hace 50 años es como comparar una calculadora con un centro de datos.
Empezando precisamente por la potencia de cálculo: Apollo tenía el Apollo Guidance Computer, que contaba con una memoria de 64K. La lavadora que tienes hoy en tu casa cuenta con más memoria que la misión Apollo. Por su parte, Orion usa sistemas redundantes con capacidad de procesamiento masivo para gestionar situaciones críticas.
También en la navegación se ve un gran salto. La navegación del Apollo estaba basada en sextantes espaciales, telemetría radial básica controlada desde la Tierra y cálculos manuales. Por su parte, Artemis cuenta con IA y Machine Learningpara una navegación autónoma, reconocimiento del terreno con sensores LiDAR para mapeo 3D y corrección de trayectoria en tiempo real. Por no decir que la misión Artemis cuenta con comunicación satelital de banda ancha.

En cuanto a la energía, la misión Artemis también refleja un cambio drástico en la tecnología. Las misiones Apollo contaban con energía que provenía de celdas de combustible de hidrógeno que eran muy limitadas, para misiones de pocos días. En Artemis, paneles solares de alta eficiencia y sistemas de baterías de larga duración permiten una autonomía de meses para misiones de más larga duración.
Por último, los materiales: los modelos de Apollo estaban construidos con aluminio y aleaciones metálicas pesadas, por no hablar de los controles que eran totalmente manuales y analógicos. En cambio, en Artemis vemos materiales compuestos de carbono, estructuras impresas en 3D y cabinas de cristal, además de controles digitales con pantallas táctiles.
La IA: El «quinto tripulante» de Artemis
En las misiones Apollo, los astronautas y el control de tierra debían calcular, prácticamente de forma manual, cada maniobra. Artemis tiene un gran apoyo: la Inteligencia Artificial y el Machine Learning, algo que se traduce en una diferencia abismal entre los dos proyectos.
Por ejemplo, si hablamos de maniobras de aterrizaje, Armstrong tuvo que pilotar el módulo Eagle manualmente para aterrizarlo e incluso para esquivar previamente un cráter. En la Artemis se utilizan algoritmos de visión artificial e IA para analizar el terreno en milisegundos, evitar posibles riesgos y aterrizar de manera segura incluso en zonas de sombra total.
También la IA monitoriza constantemente la salud y los datos vitales de los astronautas, además del estado de la propia nave, prediciendo fallos incluso antes de que ocurran mediante un análisis de datos preventivo, algo que era imposible en la era analógica de las misiones Apollo en los 60.
También, cuando se asiente la primera base lunar, la estación Gateway funcionará con altos niveles de autonomía impulsados por la IA, permitiendo que la estación sobreviva incluso cuando no hay tripulación a bordo.

¿Por que el polo sur?
Las misiones Apollo concentraron sus aterrizajes en la zona ecuatorial de la Luna. Sin embargo, el proyecto Artemis tiene otro punto de mira: el polo sur lunar.
Atrás quedaron los aterrizajes en el Mar de la Tranquilidad (Apollo XI) o la famosa región Fra Mauro, donde aterrizó el Apollo XIV pero que era el destino del cinematográfico Apollo XIII.
¿La razón? Todo apunta al hielo de agua lunar. Y es que si se pudiese extraer hielo de los cráteres que están en sombra perpetua, no solo habría agua para beber en la base lunar, sino que también se podría generar oxígeno para respirar y, lo más importante, combustible para intentar dar el salto a Marte.

Artemis, abanderada de la inclusión
Artemis, hermana gemela de Apollo en la mitología griega, lleva un mensaje de inclusión. Esta misión ha llevado a la primera mujer y a la primera persona de color a la órbita terrestre, y hará lo propio en la próxima misión cuando se llegue a pisar suelo lunar. No es una misión de unos pocos, sino que representa la diversidad de la raza humana.

Un trampolín hacia lo desconocido.
Quien piense que esto se va a quedar en un par de paseos lunares y quizás un mínimo asentamiento en nuestro satélite, creo que está bastante equivocado. Todo lo que aprendamos allí, desde fabricar viviendas en la Luna hasta cómo proteger al cuerpo humano de la radiación, es el ensayo general para Marte.
La Luna no es el destino final, es solo un paso previo necesario para llegar a lo desconocido.


